e-Curso: "SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE"

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"La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. En cuanto adhesión personal a Dios y asentimiento a la verdad que Él ha revelado, la fe cristiana difiere de la fe en una persona humana. Es justo y bueno confiarse totalmente a Dios y creer absolutamente lo que Él dice. Sería vano y errado poner una fe semejante en una criatura"  

(Catecismo de la Iglesia Católica, 150)

Querido/a Suscriptor/a de El Camino de María

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Bienvenido/a al e-Curso con textos catequéticos para meditar y oraciones para recitar durante el AÑO DE LA FE que lleva por título "SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE" y que hemos terminado de redactar y diseñar el 7 de octubre de 2012, festividad de NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO.

Los capítulos que componen este e-Curso, y que le enviaremos cada tres días a la dirección de e-mail con la que se ha inscripto, contendrán textos extraídos del Magisterio de la Iglesia en general y de los Beatos Juan XXIII,  Pablo VI, Juan Pablo II y del Santo Padre Benedicto XVI.

En los primeros seis capítulos hemos incluído la Carta Apostólica "Porta Fidei" con la que  el Santo Padre convoca al Año de la Fe. 

Desde el capítulo 7 hasta el capítulo 10 podrá leer y/o imprimir cada uno los artículos del Credo del Pueblo de Dios (Homilía y Profesión de Fe pronunciada por el Beato Pablo VI en la CLAUSURA DEL «AÑO DE LA FE» EN EL XIX CENTENARIO DEL MARTIRIO DE LOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO).

A su vez desde el capítulo 11 hasta el capítulo 17 publicaremos un ciclo de 7 catequesis del Beato Juan Pablo II sobre: ¿QUÉ ES LA FE?. Los títulos de cada una de las catequesis son los siguientes:

1-¿Qué quiere decir “creer”?

2-El hombre puede llegar con la razón al conocimiento de Dios

3-Dios que se revela es la fuente de la fe del cristiano

4-Jesucristo es el cumplimiento definitivo del misterio de Dios que se revela

5-Con la fe el hombre, ayudado por la gracia sobrenatural, responde de modo original a la “auto-revelación” de Dios

6-Con la fe el hombre acepta de modo convencido y libre las verdades contenidas en la revelación de Dios

7-La transmisión de la Revelación Divina. ¿Dónde podemos encontrar lo que Dios ha revelado para adherirnos a ello con nuestra fe convencida y libre?

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Benedicto XVI  en la Homilía 16 de octubre de 2011 expresó "... para dar renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto —en el que a menudo se encuentran— hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quiero anunciar en esta Celebración Eucarística que he decidido convocar un «Año de la Fe» que comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la apertura del concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo..."

En la alocución antes del rezo del Ángelus del Domingo 7 de octubre, Benedicto XVI expresó, entre otros conceptos:

"...Quiero proponer a todos el valorizar la oración del Rosario en el próximo «Año de la Fe». Con el Santo Rosario, de hecho, nos dejamos guiar por María, Modelo de Fe, en la meditación de los misterios de Cristo, y día a día somos ayudados a asimilar el Evangelio, de tal manera que pueda dar forma a toda nuestra vida. Por lo tanto, tras la huellas de mis Predecesores, en particular del Beato Juan Pablo II quien hace diez años nos dio la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, invito a rezar el Santo Rosario personalmente, en familia y en comunidad, colocándonos en la Escuela de María, que nos conduce a Cristo, centro vivo de nuestra fe."

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Le informamos que el sitio oficial del Año de la Fe que pertenece al  "Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización" se encuentra en la siguiente dirección:

http://www.annusfidei.va/content/novaevangelizatio/es.html

En dicho sitio se sugiere recitar el "Credo Niceno-constantinopolitano" como oración diaria para el Año de la Fe:

Creo en un solo Dios; Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

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Debido a que uno de los objetivos del Año de la Fe es reflexionar sobre la Nueva Evangelización, tema prioritario en el pontificado del Santo Padre Benedicto XVI, nos interesa remarcar los siguientes puntos sobre el Año de la Fe.

1.No es nuevo en contenido, pero es nuevo en energía y en enfoque. La Nueva Evangelización propone nuevamente la Fe a un mundo que anhela respuestas a las preguntas mas profundas de la vida. Es un llamado a compartir con Cristo y llevar el Evangelio con energía renovada y con nuevas formas ya que la comunicación de la fe debe realizarse conociendo la sensibilidad del otro y el contexto social en que vive.

2.Comienza con una conversión personal.  La conversión con Cristo es el primer paso.

3.Es para creyentes y no creyentes. Ya sea alguien que asiste a la Iglesia cada Domingo, un católico no activo, o alguien para quien la religión no es parte de su vida, la Nueva Evangelización llama a todos al redescubrimiento de la Fe.

4.Se trata de un encuentro personal con Cristo Jesús. Antes que alguien pueda compartir a Cristo con otros, debe tener a Cristo en su propia vida. La Nueva Evangelización promueve un encuentro personal con Cristo para todos, donde quiera que se encuentren en la vida.

5.Se trata de una experiencia que dura toda la vida. La conversión personal y el encuentro con Cristo es una experiencia continua que dura toda una vida. Los católicos están bendecidos al encontrar a su Dios y Salvador, Cristo Jesús en los Sacramentos. Los católicos son llamados a vivir en una forma que refleje el Amor de Cristo, y compartir con los demás  el Amor de Dios.

6.Busca contrarrestar la cultura secular.  La Nueva Evangelización responde al continuo alejamiento de la religión por la sociedad occidental urgiendo a los católicos a compartir de manera entusiasta a Cristo en sus palabras y a través de los testimonios de fe de sus vidas. Es por esto que el Papa Benedicto anima a los católicos a estudiar las vidas de los santos durante el Año de la Fe y a aprender de sus ejemplos.

7.Es una prioridad para la Iglesia. El Beato Juan Pablo II lo hizo una prioridad durante su pontificado que duró 26 años. Continuando esto, el Papa Benedicto inició el Concejo Pontificio para Promoción de la Nueva Evangelización en el 2010 y lo hizo el tema del Sínodo de Obispos del 2012. La Nueva Evangelización es un llamado a todos los católicos para que asuman la gracia del llamado bautismal y compartan las enseñanzas del Evangelio con su familia, amigos y vecinos.

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Por último le sugerimos un video de 2 minutos y un documento para consultar:

1) Video de "Rome reports" sobre el Año de la Fe. Lo puede ver en la siguiente dirección:

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=V9OpQBGIm7U

2) Documento: "Cómo vivir el Año de la Fe con la juventud"  elaborado por "Network de Pastoral Juvenil Hispana-La RED" y que cuenta con la aprobación de Mons. José H. Gomez, Arzobispo de Los Ángeles . Lo puede descargar desde la siguiente dirección:

http://www.bibliaparajovenes.org/BoletinMay12/Anno-fidei-juvenil.pdf

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Que La Virgen María, que no tuvo miedo de responder «Sí» a la Palabra del Señor y, después de haberla concebido en su Seno, se puso en camino llena de alegría y esperanza, sea siempre nuestro modelo y nuestra guía. Aprendamos de la Madre del Señor y Madre nuestra a ser humildes y al mismo tiempo valientes, sencillos y prudentes, mansos y fuertes, no con la fuerza del mundo, sino con fuerza de la Verdad que proviene de Jesucristo que es el Camino, la Verdad y la Vida: «Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por Mí» (Jn 14, 6).

Marisa y Eduardo

VISITA PASTORAL A LORETO EN EL 50° ANIVERSARIO DEL VIAJE DE JUAN XXIII 

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Plaza de la Virgen de Loreto . Jueves 4 de octubre de 2012

El cuatro de octubre de 1962, el Beato Juan XXIII vino en peregrinación a este Santuario para encomendar a la Virgen María el Concilio Ecuménico Vaticano II, que se inauguró una semana después. En aquella ocasión, él, que tenía una profunda y filial devoción por la Santísima Virgen, se dirigió a Ella con estas palabras:

«Hoy, una vez más, y en nombre de todo el Episcopado, a Vos, Dulcísima Madre, que sois llamada Auxilium Episcoporum, pedimos para Nos, obispo de Roma y para todos los obispos del universo, que nos obtengáis la gracia de entrar en el aula conciliar de la Basílica de San Pedro como entraron, en el Cenáculo, los Apóstoles y los primeros discípulos de Jesús: un corazón solo, una sola palpitación de amor a Cristo y a las almas, un solo propósito de vivir y de inmolarnos por la salvación de los individuos y de los pueblos. Así, por vuestra maternal intercesión, en los años y en los siglos futuros, se pueda decir que la gracia de Dios ha precedido, acompañado y coronado el XXI Concilio Ecuménico, infundiendo en los hijos todos de la Santa Iglesia nuevo fervor, arranque de generosidad, firmeza de propósitos» (AAS 54 [1962], 727).

Hace cincuenta años, después de haber sido llamado por la divina Providencia a suceder en la cátedra de Pedro a ese Papa inolvidable, también yo he venido aquí peregrino para encomendar a la Madre de Dios dos importantes iniciativas eclesiales: El Año de la fe, que comenzará dentro de una semana, el 11 de octubre, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que he convocado para este mes de octubre con el tema «La nueva evangelización para la trasmisión de la fe cristiana».(...)

Como recordaba en la Carta Apostólica de convocatoria, con el Año de la fe «deseo invitar a los hermanos Obispos de todo el Orbe a que se unan al Sucesor de Pedro en el tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe» (Porta fidei, 8). Y precisamente aquí, en Loreto, tenemos la oportunidad de ponernos a la escuela de María, de aquella que ha sido proclamada «Bienaventurada» porque «ha creído» (Lc 1,45)Este Santuario, construido entorno a su casa terrenal, custodia la memoria del momento en el que el ángel del Señor vino a María con el gran anuncio de la Encarnación, y Ella le dio su respuesta. Esta humilde morada es un testimonio concreto y tangible del suceso más grande de nuestra historia: la Encarnación; el Verbo se ha hecho carne, y María, la Sierva del Señor, es el canal privilegiado a través del cual Dios ha venido a habitar entre nosotros (cf. Jn 1,14). María ha ofrecido la propia carne, se ha puesto totalmente a disposición de la Voluntad divina, convirtiéndose en «lugar» de su presencia, «lugar» en el que habita el Hijo de Dios. Aquí podemos evocar las palabras del salmo con las que Cristo, según la Carta a los Hebreos, ha iniciado su vida terrena diciendo al Padre: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo… Entonces yo dije: He aquí que vengo… para hacer, ¡oh Dios!, tu Voluntad» (10, 5.7). María dice algo muy parecido al ángel que le revela el Plan de Dios sobre Ella: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38) La Voluntad de María coincide con la Voluntad del Hijo en el único proyecto de Amor del Padre y en Ella se unen el Cielo y la tierra, Dios creador y su criatura. Dios se hace hombre, María se hace «casa viviente» del Señor, templo donde habita el Altísimo. Hace cincuenta años, aquí en Loreto, el Beato Juan XXIII invitaba a contemplar este misterio, «a reflexionar sobre aquella conjunción del Cielo con la tierra que fue el objetivo de la Encarnación y de la Redención», y continuaba afirmando que el mismo Concilio tenía como objetivo concreto extender cada vez más el rayo bienhechor de la Encarnación y Redención de Cristo en todas las formas de la vida social (cf. AAS 54 [1962], 724). Ésta es una invitación que resuena hoy con particular fuerza. En la crisis actual, que afecta no sólo a la economía sino a varios sectores de la sociedad, la Encarnación del Hijo de Dios nos dice lo importante que es el hombre para Dios y Dios para el hombre. Sin Dios, el hombre termina por hacer prevalecer su propio egoísmo sobre la solidaridad y el amor, las cosas materiales sobre los valores, el tener sobre el ser. Es necesario volver a Dios para que el hombre vuelva a ser hombre. Con Dios no desaparece el horizonte de la esperanza incluso en los momentos difíciles, de crisis: la Encarnación nos dice que nunca estamos solos, Dios ha entrado en nuestra humanidad y nos acompaña.

Pero que el Hijo de Dios habite en la «casa viviente», en el templo, que es María, nos lleva a otro pensamiento: donde Dios habita, reconocemos que todos estamos «en casa»; donde Cristo habita, sus hermanos y sus hermanas jamás son extraños. María, que es la Madre de Cristo, es también madre nuestra, nos abre la puerta de su casa, nos guía para entrar en la Voluntad de su Hijo. Así pues, es la fe la que nos proporciona una casa en este mundo, la que nos reúne en una única familia y nos hace a todos hermanos y hermanas. Contemplando a María debemos preguntarnos si también nosotros queremos estar abiertos al Señor, si queremos ofrecer nuestra vida para que sea su morada; o si, por el contrario, tenemos miedo a que la presencia del Señor sea un límite para nuestra libertad, si queremos reservarnos una parte de nuestra vida, para que nos pertenezca sólo a nosotros. Pero es Dios precisamente quien libera nuestra libertad, la libera de su cerrarse en sí misma, de la sed de poder, de poseer, de dominar, y la hace capaz de abrirse a la dimensión que la realiza en sentido pleno: la del don de sí, del amor, que se hace servicio y colaboración.

La fe nos hace habitar, vivir, pero también nos hace caminar por la senda de la vida. En este sentido, la Santa Casa de Loreto conserva también una enseñanza importante. Como sabemos, fue colocada en un camino. Esto podría parecer algo extraño: desde nuestro punto de vista, de hecho, la casa y el camino parecen excluirse mutuamente. En realidad, precisamente este aspecto singular de la casa, conserva un mensaje particular. No es una casa privada, no pertenece a una persona o a una familia, sino que es una morada abierta a todos, que está, por decirlo así, en el camino de todos nosotros. Así encontramos aquí en Loreto una casa en la que podemos quedarnos, habitar y que, al mismo tiempo, nos hace caminar, nos recuerda que todos somos peregrinos, que debemos estar siempre en camino hacia otra morada, la casa definitiva, la Ciudad eterna, la morada de Dios con la humanidad redimida (cf. Ap 21,3).

Todavía hay otro punto importante en la narración evangélica de la Anunciación que quisiera subrayar, un aspecto que no deja nunca de asombrarme: Dios solicita el «sí» del hombre, ha creado un interlocutor libre, pide que su criatura le responda con plena libertad. San Bernardo de Claraval, en uno de sus más celebres sermones, casi «representa» la expectación por parte de Dios y de la humanidad del «sí» de María, dirigiéndose a ella con una súplica: «Mira, el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió… Oh Señora, da esta respuesta que esperan la tierra, los infiernos, e incluso los cielos esperan. Así como el Rey y Señor de todos deseaba ver tu belleza, así desea ardientemente tu respuesta positiva… Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento» (In laudibus Virginis Matris, Homilía 4,8: Opera omnia, edición cisterciense, 4 [1966], 53-54). Dios pide la libre adhesión de María para hacerse hombre. Cierto, el «Sí» de la Virgen es fruto de la gracia divina. Pero la gracia no elimina la libertad, al contrario, la crea y la sostiene. La fe no quita nada a la criatura humana, sino que permite su plena y definitiva realización.

Queridos hermanos y hermanas, en este peregrinación, que vuelve a recorrer el que realizó el Beato Juan XXIII –y que tiene lugar providencialmente el día en que se recuerda a San Francisco de Asís, verdadero «Evangelio viviente»– quiero encomendar a la Santísima Madre de Dios todas las dificultades que vive nuestro mundo en búsqueda de serenidad y de paz, los problemas de tantas familias que miran al futuro con preocupación, los deseos de los jóvenes que se abren a la vida, los sufrimientos de quien espera gestos y decisiones de solidaridad y amor. Quiero confiar también a la Madre de Dios este tiempo especial de gracia para la Iglesia, que se abre ante nosotros:

Tú, Madre del "Sí", que has escuchado a Jesús, háblanos de Él, nárranos tu camino para seguirlo por la vía de la fe, ayúdanos a anunciarlo para que cada hombre pueda acogerlo y llegar a ser morada de Dios. Amén.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

Señor Jesús, plenitud de los tiempos y señor de la historia, dispón nuestro corazón a celebrar con fe este Año de Gracia y de Misericordia. Danos un corazón humilde y sencillo, para que contemplemos con renovado asombro el misterio de la Encarnación, por el que Tú, Hijo del Altísimo, en el seno de la Virgen, santuario del Espíritu, te hiciste nuestro Hermano.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

Jesús, principio y perfección del hombre nuevo, convierte nuestros corazones a Ti, para que, abandonando las sendas del error, caminemos tras tus huellas por el sendero que conduce a la vida. Haz que, fieles a las promesas del Bautismo, vivamos con coherencia nuestra fe, dando testimonio constante de tu palabra, para que en la familia y en la sociedad resplandezca la luz vivificante del Evangelio.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

Jesús, fuerza y sabiduría de Dios, enciende en nosotros el amor a la divina Escritura, donde resuena la voz del Padre, que ilumina e inflama, alimenta y consuela. Tú, Palabra del Dios vivo, renueva en la Iglesia el ardor misionero, para que todos los pueblos lleguen a conocerte, verdadero Hijo de Dios y verdadero Hijo del hombre, único Mediador entre Dios y el hombre.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

Jesús, fuente de unidad y de paz, fortalece la comunión en tu Iglesia, da vigor al movimiento ecuménico, para que con la fuerza de tu Espíritu, todos tus discípulos sean uno. Tú que nos has dado como norma de vida el mandamiento nuevo del amor, haznos constructores de un mundo solidario, donde la guerra sea vencida por la paz, la cultura de la muerte por el compromiso en favor de la vida.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

Jesús, Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, luz que ilumina a todo hombre, da a quien te busca con corazón sincero la abundancia de tu Vida. A Ti, Redentor del hombre, principio y fin del tiempo y del cosmos, al Padre, fuente inagotable de todo bien, y al Espíritu Santo, sello del infinito amor, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

ORACIÓN PARA IMPLORAR FAVORES POR INTERCESIÓN

 DEL BEATO JUAN PABLO II

Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste al Beato Juan Pablo II la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar al Beato Juan Pablo II y que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase). 
 
A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria
 

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%EmailAddress%. Le sugerimos que invite a sus amigos y conocidos a inscribirse en el e-Curso "SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE" .

Deben llenar el formulario que está en la siguiente dirección: http://www.benedictumxvi.com.ar/eCurso.htm

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